Discurrió a gran velocidad la Semana Santa más temprana. La del frío, la del gentío, la del azahar en flor y la de la lluvia. Atardeceres de estampas únicas. Contrastes: magestuosa visita de San Gonzalo a la Estrella; Pureza hecha estercolero al paso de la Trianera.
El capricho de la luna llena quiso que la Semana Santa se adelantara a una primavera que, paradoja, había llegado días antes con toda su plenitud. Los naranjos estaban cargados de azahar en flor y el aroma de cada recoveco se mezclaba con el incienso para ofrecer una esencia embriagadora.
Fue la Semana Grande del frío, pues el invierno reclamó a última hora su lugar; del gentío, especialmente presente durante el Domingo de Ramos, el Jueves Santo y el Viernes Santo. Y, por supuesto, de la lluvia, que se empeño en participar con su peculiar Estación de Penitencia que dejó en los templos a todas las hermandades del Miércoles Santo y a tres del jueves. Esa lluvia que apareció antes de lo previsto el sábado para propiciar el encuentro en la iglesia de la Anunciación de las Soledades de San Lorenzo, enfundad en plástico, y los Servitas.
Fue también la Semana Santa de la confirmación de las sillitas como consolidada novedad en las bullas. Versión mejorada de las sentadas –que siguen produciéndose-, han propiciado una nueva forma de moverse a través de muros infranqueables. Son las cosas de los tiempos actuales.
Hubo un Viernes Santo pleno y Sevilla no quiso perdérselo. “El Cachorro está en la calle”. La voz corrió de esquina en esquina para congregar al público durante todo el recorrido. Resultó grande, pero casi tanto lo fue el lienzo que pintó el atardecer cuando la Virgen de la O pasaba por el puente.
Encarnación iluminada
Además, el dulce sol, producto de su leve intensidad y pronto crepúsculo, dejó ver el Martes Santo la bella imagen de la Virgen de la Encarnación iluminada por el caño de luz que penetraba por debajo del techo de su palio.
Este marzo de 2008 dejó un momento inolvidable el Lunes Santo, el mismo día en el que el Cautivo del Polígono hacía su estreno en la nómina de hermandades que procesionan por la Carrera Oficial. La visita del misterio de San Gonzalo a la capilla de la Estrella resultó sublime. Los elementos se aliaron para poner los bellos de punta a cuantos presenciaron la escena en la calle San Jacinto.
La Semana Santa se recordará, como no, por una Madrugá en la que el Señor del Gran Poder transitó por su ciudad con la ya famosa túnica de cardos. Pero también será difícil borrar de la memoria la calle Pureza convertida en un vertedero tras el paso de la Esperanza de Triana. Y es que todavía tenemos mucho que aprender en materia de educación.
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