Los sectores católicos, ABC de Sevilla entre ellos, han proclamado en sus balances de la Semana Santa la especificidad religiosa de esta celebración, excluyendo así a muchos ciudadanos que participan activamente como público, e incluso como hermanos.
La Semana Santa tiene un origen y una finalidad inicial. Esto nadie lo puede negar. No obstante, con el paso del tiempo, como casi todo, se modifica, se actualiza y adquiere nuevos significados y sentidos. No cabe duda de la evidente tradición católica que tiene España, impuesta en gran medida por un régimen franquista que, como en muchos otros aspectos, se apropió de lo que era de todos, como por ejemplo la bandera.
Siguiendo un profundo sentido religioso, muchos sevillanos se lanzan a la confraternidad de sus hermandades y al culto de sus imágenes, actividades estas que unos, los más, recuerdan sólo a partir de Cuaresma; y otros, los menos, se encuentran al pie del cañón, afortunadamente, durante todo el año.
Pero es que, además, las imágenes son producto de una manifestación artística que llega a su máximo esplendor cuando en las calles de la ciudad se mezclan con el buen hacer de los hermanos costaleros y de las correspondientes bandas de música –otra expresión artística-. Para admirar, disfrutar y participar, en mayor o menor medida, en este patrimonio común no hace falta ser católico, sólo es necesario poseer inquietudes humanas.
La Semana Santa Sevillana –escrita así, con todas sus letras y en mayúscula- forma parte de una cultura que hemos mamado desde pequeños. Cultura es todo aquello que el hombre aprende y trasmite, y que engloba la herencia social y la tradición de un grupo y sociedad. Entiéndase aquí tradición en un sentido etnográfico; es decir, conjunto de costumbres, creencias, prácticas, doctrinas, leyes, etc. trasmitidas de generación en generación, y que permiten la continuidad de una cultura o de un sistema social.
Por eso, que Álvaro Ybarra, director de ABC de Sevilla, hable de una “corriente laicista que quiere reducir la Semana Santa a una manifestación cultural desprovista de sentido religioso” (lunes 24 de marzo de 2008, página 2), me produce cierto escalofrío por el trasfondo integrista que posee. La Semana Santa, la Pasión según Sevilla, es una expresión profunda del catolicismo. Pero también forma parte del ser de cuantos participan en esta tradición y que contribuirán a difundirla a futuras generaciones para que siga viva. La Semana Santa no es religiosa. La Semana Santa no es laica. La Semana Santa es de todos.
(Más: Podéis leer la particular crónica de la Estación de Penitencia realizada por un hermano del Cerro que se declara “un poco rojo”).
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