Unos Juegos marcados

El fuego olímpico flamea desde su prendimiento rodeado de la polémica alimentada por las manifestaciones reivindicativas promovidas por los defensores de los derechos del Tíbet y en pleno debate sobre la conveniencia de boicotear la cita pekinesa del próximo verano. 

Fue encender en Olimpia la antorcha y el Tíbet quedó situado nuevamente en el mapa, rescatado como arte de magia del olvido internacional. Una manifestación deportiva, la más grande, vuelve a servir una vez más como plataforma de reivindicaciones políticas. Así fue a lo largo de la Historia y así seguirá siendo.

Gran parte del planeta, a través de los distintos medios de comunicación, posará este verano sus ojos en la capital de China para seguir las proezas de los atletas en una expresión deportiva en la que cada vez tienen menos peso los valores olímpicos y más los económicos.

Parece que la cuestión del Tíbet nace hoy, pero lleva coleando, por lo menos, desde que en 1950 el ejército chino invade una región considerada en nuestros días autónoma, aunque sometida a la represión bajo yugo pekinés.  

Primero fue en Olimpia, luego en Londres y más recientemente en París. Los partidarios tibetanos han unido su causa a la llama olímpica para hacer oír sus demandas por todo el mundo. “Ésta es nuestra gran oportunidad para reivindicar nuestra lucha, y no pensamos desaprovecharla”, declaró Urgen Tenzin, director del Centro Tibetano para los Derechos Humanos y la Democracia. En el fondo, hay que estar de acuerdo; en las formas, no. Arremeter violentamente contra el símbolo olímpico, la llama de la paz, no es la mejor manera de ejercer la libertad de expresión.

Y en este contexto ya empiezan a oírse las voces que piden un boicot a los Juegos porque no puede permitirse la actitud de China. ¿Acaso el problema surge hoy? ¿Dónde sonaron las voces críticas cuando se planteó la candidatura pekinesa? ¿Dónde cuando fue elegida por los miembros del COI como sede para 2008? Ahora hay que mirar hacia delante sin mezclar política y deporte.

En 1980, Estados Unidos boicoteó los Juegos de Moscú; en 1984, la URSS y sus aliados hicieron lo propio con los de Los Ángeles. Entonces, como ahora, los grandes afectados no fueron los organizadores, sino los deportistas. El boicot, medida que sería tomada demasiado tarde, no serviría para mejorar las condiciones del pueblo tibetano, y sí para perjudicar a cientos de atletas que verían roto el sueño olímpico.

(foto tomada de www.infobae.com)

Editorial de ABC: El dilema de los Juegos

Opinión de José Luis Montoya en ABC: Los negativos boicots a los Juegos Olímpicos y el paradigmático caso de Blume

Artículo publicado en el blog La cara de la verdad: ¡¡Si Marx levantara la cabeza!!

Artículo relacionado en www.marca.com: La Asamblea de Comités Olímpicos Nacionales elimina la palabra Tíbet.

Artículo relacionado en www.as.com: Cientos de manifestantes esperan el paso de la antorcha por San Francisco.

Opinión de Hermann Tertsch en ABC: El violinista olímpico

 

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