Violencia de género, una batalla gramaticalmente por librar

Desde que en Pekín 1995 las cabezas pensantes del mundo acuñaron el término gender violence, el español libra una batalla sin igual para dar a conocer su autóctono violencia machista.

Dando un repaso a la Historia, esa que cuentan los vencedores y los hombres –de los vencidos y las mujeres poco o nada sabemos-, encontramos que la violencia siempre estuvo instalada en la sociedad. Esta perversa condición de la humanidad se fundamenta, mayoritariamente, en la desigualdad de fuerzas y poder entre el agresor y el agredido. Jamás fueron ajenas a ello las mujeres, quienes desde tiempos inmemoriales soportaron el yugo de los opresores.

La diferencia de entonces a ahora es que en ciertos lugares del mundo existe una mayor concienciación y tanto social como políticamente surgen las medidas que tienden a normalizar la relación de las personas para que convivan en igualdad. Hasta Zapatero le ha puesto un ministerio.

La guerra no está ganada, ni mucho menos, aunque promete ser menos hostil que la emprendida por el invasor anglosajón con la gramática española. El origen del problema radica en 1995, cuando los participantes en la Conferencia de Pekín acuñan la expresión gender violence para referirse a la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres. Fiel al espíritu receptivo de los naturales de la piel de toro, la traducción no fue otra que violencia de género; es decir, palabra por palabra.

Mezclamos género con sexo. En la gramática compartida por millones de hispanohablantes, existen tres géneros: masculino, femenino y neutro. “Vemos, entonces, que el género no siempre coincide con el sexo, y que funciona al margen de esa condición biológica. El sexo forma parte de la realidad real; pero el género forma parte de la realidad gramatical”, explica Álex Grijelmo en su Gramática descomplicada (Santillana, 2006).

“Ocurre, sin embargo, que en rigor, los nombres en inglés carecen de género gramatical. Pero muchas lenguas sí lo poseen y, en la nuestra, cuentan con género sólo las palabras; las personas tienen sexo. A pesar de ello, los signatarios hispanohablantes aceptaron devotamente género por sexo en sus documentos, y, de tales y de otras reuniones internacionales, el término se ha esparcido como un infundio”, escribió en 2002 Fernando Lázaro Carreter (artículo recogido en El nuevo dardo de la palabra, Santillana, 2003).

Siempre hemos asimilado palabras extranjeras, es algo consustancial al lenguaje que sirve para enriquecerlo. Resulta necesario introducir todos los términos que adquieran matices propios sobre aquello que designan. No obstante, es igualmente preciso coger la coraza y lanzarse a las armas con la finalidad de erradicar esas palabras cuya única razón de ser es suplantar la personalidad de las ya existentes en nuestra lengua materna.

(Imagen tomada del blog de Vicent Vercher Garrigós)

-          IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre las Mujeres. Pekín, 1995.

-          Género (DRAE).

-          Vademécum (Manual de Español Urgente, EFE).

2 Responses to “Violencia de género, una batalla gramaticalmente por librar”

  1. Perdón no me consta que las mujeres sean la vencidas y los hombres los vencedores, eso es demagogia barata. Lo siento es la primera vez que visito el blog y será la última

  2. Berlino, gracias por tu participación.
    A pesar de tu declaración de intenciones, dejo aquí este comentario por si tienes a bien regresar por ‘Rumor de Olas’.
    En ningún momento he escrito que “las mujeres sean las vencidas y los hombres los vencedores”. Siento no haberme explicado con suficiente claridad en el inciso que hice al comienzo del artículo.
    Lo que afirmo, y reitero salvo que alguién arroje luz sobre el asunto, es que la Historia, como ciencia, ha sido acaparada por los hombres y son, por tanto, hombres los que la han contado -sólo hay que irse a las estanterías de las bibliotecas para confirmarlo-.
    En segundo lugar, afirmo que la Historia la han contado los vencedores. Si sirve como ejemplo, me remito a la Guerra Civil Española (1936-1939). Tengo manuales y enciclopedias de la última época franquista, además de un libro fantástico con el que se estudiaban todas las asignaturas a finales de los 50 y principio de los 60. Sus conclusiones poco a nada tienen que ver, ahora que quieren sacar a la luz la llamada memoria histórica, con lo que hoy se cuenta que sucedió.
    Permíteme otro ejemplo. El Régimen dijo que García Lorca y Blas Infante fueron ajusticiados por ‘rojos’, calificativo genérico que servía para englobar todas las ideas y opiniones diferentes a las franquistas. Hoy, García Lorca es un admirado poeta universal y Blas Infante el padre de la patria andaluza.

Leave a Reply