Un día me contaron
Publicado el 29 04 2008 por JIRP
Desaceleración, recesión y crisis son los adjetivos calificativos utilizados para definir la actual situación económica producto de un sistema lleno de imperfecciones.
Un día me contaron que los combustibles fósiles como fuente de energía tenían fecha de caducidad y que su índice de contaminación era alto, pero lo hicieron con la boca pequeña porque no había necesidad de alarmar al personal.
Un día me contaron que habían encontrado una solución al problema: los bio-combustibles; aunque hoy aquellos mismos lumbreras me dicen que esta práctica reciente ha propiciado el incremento de los precios de artículos de primera necesidad como el pan y el arroz.
Un día me contaron que las centrales nucleares eran lo peor de lo peor, que eran anti-eco, ya que producían desechos muy peligrosos y que las consecuencias de un accidente podían ser catastróficas. No obstante, los mismos me dicen hoy que se trata de una alternativa seria para luchar contra el cambio climático. En definitiva, sólo se trata de elegir cómo queremos morir.
Un día me contaron que el libre mercado y la competencia eran la panacea para los consumidores, que siempre saldríamos ganando, pero hoy el pan está más caro, el arroz está más caro, la diferencia entre el precio en origen de los artículos de primera necesidad y el de venta es abismal, las facturas por la conexión a Internet son abusivas, las tarifas telefónicas se encuentran al alza, y la burbuja inmobiliaria creció hasta que, veremos con qué consecuencias, ha explotado en nuestras narices.
Lo que nadie me contó es que esta forma de vida es inviable, insostenible. De esto me he dado cuenta yo solo, que para eso no hace falta ser un lince.
Convencido
de que las cosas son como son
porque tienen que ser así,
nunca me paré a pensar que,
si las cosas son lo que son,
no es porque tengan que ser así,
sino porque así quisieron que sean
los que nunca pensaron en mí.
Todo fue un cuento.
(Imagen tomada de www.elperiodicodemexico.com)
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Es cierto. Esto debería ser evidente para cualquier persona con un mínimo de neuronas. Ni las centrales nucleares, ni el biodesel, ni el hidrógeno, ni la energía solar. Lo que habría que hacer es frenar el carro. Pero a ver cómo se lo explicas a los amos del mundo, a los que por otra parte, les da exactamente igual lo que pueda pasar.
Un saludo.
Un día me llegó un rumor de olas, sonaba a antiguo, a palabras que provenían de bocas tapadas por manos llenas de conveniencia monetaria. Las mismas manos que ahora nos ponen los contenedores amarillos, los coches que emiten poco ce, o, dos, las bombillas de bajo consumo, los electrodomésticos de clase A. ¿Para reciclar sus carteras?
Leí tarde el comentario, pero ya se sabe que si la dicha es buena…