Hace unos días, mi amigo el Viejo Verde me ponía sobre la pista de lo que el llamaba “delito ambiental” en la mina Las Cruces. Ayer, el consejero de Innovación, Ciencia y Empresa anunciaba en el Parlamento la paralización de los trabajos como medida cautelar.
El Viejo Verde está que se echa las manos a la cabeza. Debajo de la maraña de pelos no para de darle vueltas a lo sucedido hace diez años en Aznalcóllar. Mi amigo se encuentra encendido, temeroso de que la historia se repita otra vez. Por ello, hace unos días afirmaba que en la mina Cobre Las Cruces, situada entre las localidades sevillanas de Gerena, Salteras y Guillena, se estaba cometiendo un “delito ambiental”. De momento, no es para tanto.
Cobre Las Cruces, filial de la canadiense Inmet Mining, posee los derechos de explotación de la que va a ser la mina más grande de Europa a cielo abierto. En estos momentos, el proyecto está en los trabajos previos, pero cuando se encuentre a pleno rendimiento sacará de las entrañas de la tierra durante 15 años más de un millón de toneladas de cobre, metal muy cotizado hoy día. La empresa invertirá más de 450 millones de euros y creará unos 300 puestos de trabajo permanentes y aproximadamente 1.200 inducidos.
El problema es que la veta de cobre se encuentra justo debajo del acuífero Niebla-Posadas, el mayor del área metropolitana de Sevilla y que se emplea como toma de emergencia en periodos de sequía. Técnicamente, Cobre Las Cruces ha subsanado este obstáculo a través de un sistema de drenaje-inyección que mantendrá el equilibrio en el acuífero… si no falla, claro, porque si lo hace ya nos podemos ir preparando para otro desastre ambiental.
No obstante, como escribo, el proyecto todavía tiene mucho que recorrer para comenzar a extraer cobre. Y en este punto, la Conferencia Hidrográfica del Guadalquivir ha abierto dos expedientes a Cobre Las Cruces. La empresa ha contaminado ya, aunque “levemente”, el acuífero, ha realizado 20 pozos ilegales y ha extraído, también ilegalmente, más de 250 millones de litros de agua; es decir, el consumo anual del municipio de Gerena.
Sánchez Gordillo, diputado de Izquierda Unida en el Parlamento de Andalucía, ha hablado de “terrorismo ecológico”, asegurando que “es una bomba de relojería en el entorno del río Guadalquivir y cerca del Parque de Doñana”. Quizá se pueda expresar la situación de una forma menos beligerante. En cualquier caso, el proyecto, si sigue adelante, va a estar situado al filo del alambre durante 15 años, en los que puede suceder cualquier cosa y durante los cuales se producirán vertidos al Guadalquivir de, sobre todo, arsénico y mercurio, “con un riesgo bajo”, en palabras de Cobre Las Cruces. Luego el riesgo existe, más aún cuando la empresa explotadora ya ha sido amonestada por la Administración por culpa de sus malas prácticas. Como para fiarse.
(Imagen tomada de http://estrecho.indymedia.org/)
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