Fernando III, santo y conquistador

Sevilla celebra hoy la festividad de San Fernando, patrón de la ciudad y reconquistador de la urbe para la causa cristiana, circunstancia que se produjo a finales de noviembre de 1248.

La figura de Fernando III, rey de Castilla y León, preside la Plaza Nueva, mirando frente a frente al Ayuntamiento. La historiografía le otorga el mérito de la recuperación de Sevilla para la cristiandad, después de más de cinco siglos de dominio musulmán. Pero ¿cómo vivieron los moradores de villa este acontecimiento? ¿Qué pensaron? ¿Cómo sintieron? Veámoslo de la mano de Muhammad al-Himyari.

Se veía venir. Sólo era cuestión de tiempo. A pesar de la ficticia tranquilidad producto del pacto entre nuestro gobernador, Abu Omar al-Djedd, y el rey cristiano. Cuando al-Djedd rompió las relaciones con los hermanos de Túnez para no disgustar a los infieles, certificó nuestro aislamiento y dejó el camino abierto a la invasión.

No cabe duda de que el asesinato del gobernador, a manos de los seguidores del fallecido Ibn Hud, precipitó los acontecimientos. Pero, de todas formas, no podíamos ignorar lo que estaba sucediendo en el resto de Al-Andalus.

Pronto llegaron noticias de que el rey cristiano consideraba la tregua rota y que las tropas de los infieles avanzaban hacia Isbilya. El orgullo musulmán y la fortaleza de nuestras murallas cegaron a la población y a sus regidores. Los infieles jamás podrían entrar por la fuerza en la ciudad. Las huestes de Fernando lo sabían. Por eso, cuando corrió el rumor de que el monarca de Castilla y León proyectaba tomar el Guadalquivir y cortar toda comunicación con el Aljarafe, un escalofrío recorrió mi cuerpo.

“Resistiremos, resistiremos hasta que llegue la ayuda de nuestros hermanos del Magreb”, gritaban mis cándidos vecinos. Bastante tenían en el norte de África con lo suyo para acudir en auxilio de Isbilya.

Era la primavera de 1247. Los cristianos se habían hecho con el control del río y acababan de arrasar todos los campos de los alrededores. Querían doblegarnos por hambre.

Asomado en la almena pude comprobar como los infieles habían montado su campamento en el Aljarafe. Las noticias decían que también hicieron lo propio en Tablada. Mientras, los vecinos de Triana comenzaban su huida, despavoridos, hacia la protección del castillo.

Las flores despedían al invierno de 1248 y saludaban olorosas la nueva estación. Podíamos oír las carcajadas de los cristianos al otro lado de la muralla. “Resistiremos”, repetían los moradores de la urbe musulmana, aunque ya con la moral algo tocada. “Alá es grande”.

Cuando una avanzadilla de infieles penetró en Triana y cortó las amarras del puente de barcas, convine con mis allegados que acababan de firmar la sentencia de muerte de la ciudad.

El verano resultó terrible. El calor se mezclaba con el retorcer de las tripas, furiosas. No obstante, el sol y la enfermedad comenzaron a castigar los campamentos cristianos. Esto nos concedió algo de tiempo. Las misivas dirigidas hacia nuestros hermanos iban y venía. Primero reclamaban ayuda, después la suplicaban. Nadie iba a venir a socorrernos y esto quedó confirmado en octubre.

Había que buscar una salida digna. Representantes de Isbilya marcharon a negociar con los cristianos. “Aceptamos el vasallaje a cambio de conservar nuestras costumbres y pertenencias”. No. “Aceptaríamos el vasallaje a cambio de nuestras pertenencias y de un tributo”. No. “Aceptaríamos el sometimiento al gobierno cristiano a cambio de conservar nuestros bienes y el pago de considerables tributos”. Tampoco. Después de varias semanas, no cabía otra. Abandonaríamos la ciudad y mantendríamos nuestras vidas.

El silencio se apoderó de la tumultuosa Isbilya cuando las tropas castellanas cruzaron las puertas y se dirigieron hacia el Alcázar. Los preparativos para el exilio ya habían comenzado y continuarían en los días siguientes, mientras la enseña del rey cristiano ondeaba en la fortaleza.

Recuerdo un profundo vacío en el corazón; recuerdo las lágrimas de los niños, llorando tanto de pena como de hambre. Cada cual reunió cuanto pudo, lo cargó y emprendió el éxodo. Unos, vía Jerez; otros, hacia Ceuta.

Fernando iba a hacer su entrada triunfal al día siguiente. Eché la mirada atrás y presencié el desolador paisaje de una ciudad desierta, llena de casas precipitadamente abandonadas. Un río de personas, al que me uní, marchaba rumbo a Jerez. Conservamos la vida, pero, por otro lado, la muerte penetraba en nuestros corazones.

Algunos vecinos, años más tarde, no aguantaron la pena y perecieron. Un puñado –albañiles, soladores, azulejeros, torneros, vidrieros, herreros, artesanos de cuero y piel- tomaron el camino de vuelta y encontraron acomodo en la ciudad al ser empleados por los cristianos, pero en difíciles condiciones. No obstante, los sucesos de 1264 obligaron a la descendencia a volver sobre sus propios pasos.

 

Muhammad al Himyari

Abril de 1275

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8 Responses to “Fernando III, santo y conquistador”

  1. Muchas gracias Nacho por estos apuntes de esta historia que no venía en el Vicen-Vivens (no sé si escribía así exactamente) de Sociales. Ya aprovecho para hacerte algunas preguntillas al respecto:
    -¿El texto pertenece a alguna obra?
    -TRian, Tablada y no el Aljarafe , ¿se llamaban ya así en aquella época o es fruto de la traducción?
    -Y la última, quizá fruto de mi torpeza a la hora de leer, ¿finalmente abrieron las puertas de la ciudad o la tomaron los cristianos a la fuerza?

    Muchas gracias y un abrazo mu fuerte

  2. Respecto a la editorial, en efecto, te han bailado algunas letras, pero nos entendemos (Vicens Vives). El texto no pertenece a ninguna obra, ni el tal Muhammad al Himyari existió -al menos que yo sepa-. Todo es de mi cosecha, aunque los personajes que menciono sí son reales.
    Los nombres de Triana, Tablada y Aljarafe los he encontrado tal cual. Desconozco cómo se llamaban entonces. Así que, si hay alguien por ahí que lo sepa, que sea tan amable de saciar nuestra curiosidad.
    Por último, los cristianos entraron en la ciudad por las puertas. No obstante, esto no quiere decir que no la tomaran por la fuerza, pues durante el asedio hubo constantes refriegas y cortaron totalmente el abastecimiento de provisiones (no es que yo estuviera allí, sino que cuento lo que he leído).
    Un abrazo.

  3. Entonces enhorabuena por la cosecha. Respecto al tema de entrar por la puerta, y si no me falla la memoria (cosa rara), creo que a mis oídos llegó la leyenda de que algún cristiano se disfrazó de musulmán y consiguió entrar y desde dentro abrir, pero ya te digo que no sé, que lo único que sé es lo que tú me cuentas de que tenían a la ciudad sin provisiones. Y ya que estamos investigaré sobre los nombres de esos tres lugares aunque me da a mí que, la menos Al-jarafe, con lo musulmán que ya me suena, poco habrá cambiado.
    Un abrazo y otra vez, enhorabuena y gracias por el texto

  4. Aljarafe en aquella época era ‘al-Saraf’

  5. Según la mitología, la diosa Astarté huyendo de la persecución amorosa de Hércules vino a refugiarse en la orilla occidental del Guadalquivir fundando Triana.

    El mismo interés suscita para los investigadores el origen de su nombre. Tradicionalmente, se asoció a su pasado como colonia romana fundada por Trajano, el emperador romano nacido en Itálica, Trajana-Triana. Según algunos autores, el nombre, provendría de una fórmula de compromiso entre los celtíberos y los romanos, Tri, tres del romano y Ana, río, de origen celtíbero, ya que por esa zona el río se dividía en tres. Esto es lo que sostiene Justino Matute Gavira en su obra Aparato para describir la historia de Triana y de su iglesia parroquial: “otros ciertamente más instruidos en materias etimológicas deducen su nombre de Trans amnem, expresión con que los latinos significaban lo que está más allá del río… y aún los árabes por esta misma circunstancia llamaban a Triana Ma-Wara-Fnahr, que vale tanto como allende el río: la transfluvial, aunque más comúnmente la decían Atrayana o Athriana…”

    (http://wikanda.sevillapedia.es/wiki/Triana)

  6. Pues, nos quedamos con ‘Ma-Wara-Fnahr’.

    Sevilla, ‘Isbilya’;
    Aljarafe, ‘al-Saraf’;
    Triana, ‘Ma-Wara-Fnahf”.

    Gracias por tu colaboración, Viejo Verde, y por tu derroche de materia gris.
    Ahora sólo nos falta responder a la cuestión del nombre árabe de Tablada.

  7. Después de mucho observar en la lontananza cibernética, la última cuestión que me quedaba por descifrar la encontré en casa. Mi novia había participado en la elaboración de un informe sobre Tablada en el que no se deja de lado la historia del lugar. Por si interesa, el informe lo coordinó Fernando Sancho, profesor titular del departamento de Biología Vegetal y Ecología de la Hispalense.
    Basándose en textos del historiador al-’Udri, según Fernando Sancho, Tablada venía a llamarse Talyata o Tilyata (”por la grafía árabe es imposible determinar con exactitud su pronunciación”) y “carece de significado especial”.
    Por supuesto, en este inforrme se tratan temas interesantes de Tablada como su antigua naturaleza lacustre que ha ido evolucionando hasta día… pero esa historia ya nos ocupará otro día.
    Un abrazo al autor de Rumor de olas.

  8. Bingo, buen trabajo:

    Sevilla, ‘Isbilya’;
    Aljarafe, ‘al-Saraf’;
    Triana, ‘Ma-Wara-Fnahf”;
    Tablada, ‘Talyata’ o Tilyata’.

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