La España del ‘toca-toca’ y la leyenda de los cuartos

Mañana comienza la Eurocopa de Suiza y Austria, una cita a la que acude España entre dudas y con el eterno sambenito de los cuartos de final. Rusia, Suecia y Grecia son los adversarios en la primera fase.

El Campeonato de Europa de fútbol arranca en la doble sede de Suiza y Austria sin un favorito claro. La selección española acude a la competición después de sembrar dudas en sus dos últimos encuentros amistosos (victorias frente a Perú por 2-1, y contra Estados Unidos por 1-0). El juego desplegado por los hombres de Luis Aragonés incrementó el descontento entre los aficionados –al menos eso es lo que se respira en la calle- y en el imaginario colectivo se ha consolidado ya la resignación de que ‘La Roja’ caerán en los cuartos de final.

De la desmedida euforia con la que se afrontaban torneos anteriores se pasó a la ilusión comedida. Pero la España de a pie anda un poco escarmentada de tantos sinsabores y ahora se ha instalado el victimismo generalizado. Estamos acostumbrados a lo blanco o a lo negro, sin dejar opción a que exista el gris.

La plantilla de jugadores que se ha llevado Aragonés está capacitada para lograr el título. Buena portería, regular defensa, gran centro del campo y una delantera con cierto caché. Lo que menos gracia ha hecho ha sido el estilo implantado. Del ‘tiki-taka’ –o como se escriba- se ha pasado al ‘toca-toca’, lo que indica lo bueno que somos con el balón en los pies y el poco daño que hacemos al meta contrario. Las ovejas dicen que están aburridas, pero, en el caso de que España logre adelantarse en el marcador, el que se puede desesperar es el adversario.

Da igual. Juguemos a ‘telepitonisas’: Dice la bola que el miedo a no perder va a propiciar un empate con Rusia (1-1); las cartas cuentan que lograremos una sufrida victoria contra Suecia (2-1); y los posos del café hablan de que buscaremos el primer puesto del Grupo D con Grecia, aunque esto no se ve nada claro.

Todo para repetir en cuartos aquello de que jugamos como nunca -¡qué gran partido haremos!- y perdimos como siempre. Francia, Holanda o Italia serán los encargados de alimentar las lenguas y las plumas para que quede constancia que el español, por definición, no es un jugador competitivo, pues falla en los momentos decisivos.

Hasta aquí un ejercicio tan gratuito como el realizado por sesudos periodistas, bien informados, especializados en el balompié patrio. Al fin y al cabo, todos estamos capacitados para decir y escribir tonterías. Ahora, los del calzón corto tienen la palabra.

 

(Imagen tomada de www.enlasbotas.com)

 

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